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Remosquearse

es extraño... volvés a esta situación de escritura frente a mis deseos de abandonar el camino de malformación, es inminentemente necesario que deje mis deseos de locura para aplacarme y encajar en los estandartes de las banderas olímpicas, en contra de todos los dioses creeré en la conciencia de los creadores del mito... para tí, abisino, para tí, está el abiso. es dejarme caer en la inconciencia sistemática de las palabras que no deseo confirmar en significado. aquí estoy delante del mundo y de tos negros cueros como cualquiera, para demorar la partida de tu vigencia. a vos negro cadaver de la migración de los horizontes levanto hoy mi voz para volver el mundo quejicoso contra la comunión de este universo y el mío... me separo contra y envés... málditos poetas con nombre... maldtos lectores anónimos... maldito el lenguaje y mis palabras, las tuyas, todas y ninguna... maldita sea!!! por favor, deja de llorar. Cassó.

Felicidad.

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Una rata me sigue por la ciudad esperando la noche. La atrapo a veces de reojo, mirando a través de mis brazos flacos, o de vez en cuando la noto cuando la gente se sobresalta, una o dos cuadras después de pasar a mi lado. Sólo se aparta de mi cuando ha supervisado mi entrada ebria y clandestina a la casa sola que habito desde la muerte de mi madre; sale entonces corriendo y trabaja, afanosamente, para cada mañana sorprenderme con un bello presente: una bolsa negra, un pedazo de caja de cartón. Yo recibo sus regalos con aprecio, los desenvuelvo con mi mirada, meticulosamente, hasta encontrar el lugar en que sus pequeños dientecillos lo marcaron , hasta asegurarme de la autoría de su regalo (siempre debe uno asegurarse porque, aunque no creo en las casualidades comprendo que el destino como cualquier otro ser racional tiende a equivocarse, a calcular mal) ya que comprendo que quizá un torpe vientecillo pudo haberse dejado este calcetín sucio al frente de la puerta de mi casa… pero e...

Epitafio

Lloraba lágrimas de piedra y eran mis ojos los únicos que tenían vida con ellos construí mi tumba. Ylsen.

RE-CREO

Creo en cien calles pobladas de fantasmas de tunas congeladas y malheridas, cien calles sin casas y sin gente sin lineas y sin asfalto. Ayer me pregunté dónde se me escaparon las cosas y su áura. Una mujer miró mi frente un día y la vió llena de las huellas de la tierra de la siembra y de la muerte. Se ha convertido el mar en zanahoria; y los líquenes y las algas en mascotas de el abril y es bello asomarse a ese gran naranja en ondas o acostarse en servidos platos de magma azul Caeré en vivir todos lo días como Adán el primer día nombrando sin conciencia. Ylsen.
"Han nacido en mi, consoladoramente, nuevas nociones sobre lo desgraciado que soy" Kafka

Un adiós

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Un hombre, cualquier hombre, me grita desde la otra orilla. Se ha dado usted cuenta de lo estupendo que es caer en vida (como caer en amor): Y ser, tirante, como un atardecer o un presagio; ser en un simún, o surfeando en alta mar sin posibilidad de retorno; ser, para la última nota en la tercera octava de un saxofón tenor; para el goce de una flor de pitahaya que siente la última gota de lluvia del amanecer antes de cerrarse para siempre. Sentir la eternidad entre las piernas de una mujer mientras dibujas su cuello de un lengüetazo, ó en el ronroneo de un gato ¿Se ha dado usted cuenta? Todo lo demás fue piedra, sangre, y huesos después de que el hombre saltó. Ylsen.

Síndrome.

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Las fuentes están casi secas y la tertulia se llevó a los desolados, los aldabones de las puertas están deshollinados, las viejas y moribundas calles no lloran el paso de los poetas, a las gentes se les acabó la compostura. Mi compostura es la inalterable y definitiva estancia de los curtidores de recuerdos. Mi compostura es la miserable envidia de los huérfanos. Mi compostura es la inevitable estabilidad de los dones, las letras, los aranceles de mi padre y las monedas de mi madre. Mi compostura es la irascible mirada hacia la experiencia de la ciudad. Mi compostura es toda mía, es toda tuya; es palabra. Cassó.